Modelo anatómico que compara unos órganos abdominales con escasa grasa visceral frente a otros rodeados por una importante acumulación de grasa visceral.

Descubre qué es la adiponectina, cómo influye en la grasa visceral, la inflamación y la sensibilidad a la insulina, y por qué protege tu salud metabólica.

En artículos anteriores hemos conocido cómo la grelina avisa al cerebro de que es momento de comer y cómo la leptina informa de cuándo es suficiente. Pero existe otra hormona mucho menos conocida que desempeña un papel igualmente importante: la adiponectina.

El descubrimiento de esta hormona supuso un cambio importante en la forma de entender el metabolismo. Desde entonces sabemos que la grasa no solo almacena energía, sino que también participa activamente en la regulación de numerosas funciones del organismo.

Aunque suele pasar desapercibida fuera del ámbito científico, la adiponectina nos enseña que no toda la grasa se comporta de la misma manera. La salud metabólica no depende únicamente de la cantidad de tejido adiposo que acumulamos, sino también de cómo funciona.

¿Qué es la adiponectina?

Es una hormona producida principalmente por los adipocitos, las células que forman el tejido adiposo. Pertenece al grupo de las llamadas adipocinas, un conjunto de moléculas que actúan como mensajeros químicos entre la grasa y el resto de nuestro cuerpo.

Su principal función consiste en ayudar a que el organismo utilice mejor la energía disponible. Para conseguirlo, mejora la respuesta de las células a la insulina, facilita el aprovechamiento de la glucosa, favorece el uso de los ácidos grasos como combustible y contribuye a mantener un ambiente menos inflamatorio.

Cuando sus niveles son adecuados, aprovechamos mejor los nutrientes, el metabolismo trabaja con mayor eficacia y disminuye el riesgo de desarrollar alteraciones relacionadas con el exceso de grasa corporal.

También desempeña un papel protector sobre el sistema cardiovascular y participa en distintos mecanismos que ayudan a preservar el equilibrio metabólico. En los últimos años ha despertado un enorme interés entre los investigadores que estudian la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico.

La gran paradoja: cuanto más exceso de grasa existe, menos adiponectina suele haber

Lo lógico sería pensar que una hormona fabricada por el tejido adiposo aumentaría conforme aumenta la cantidad de grasa corporal. Pero cuando existe un exceso de grasa visceral, los niveles de adiponectina disminuyen.

No toda la grasa tiene el mismo comportamiento. Lo realmente importante no es únicamente la cantidad de tejido adiposo, sino su estado de salud.

Cuando los adipocitos aumentan demasiado de tamaño, dejan de funcionar con normalidad. Su actividad cambia, aparecen alteraciones en la producción de distintas hormonas y comienza a desarrollarse un ambiente inflamatorio de baja intensidad que puede mantenerse durante años sin producir síntomas evidentes.

Como consecuencia, disminuye la producción de adiponectina mientras aumentan otras sustancias relacionadas con la inflamación y con la resistencia a la insulina.

Este hallazgo cambió profundamente la forma de entender la obesidad y el metabolismo.

Cómo mejora la sensibilidad a la insulina y el metabolismo energético

Uno de los efectos más importantes de la adiponectina consiste en mejorar la sensibilidad a la insulina.

La insulina permite que la glucosa entre en las células para ser utilizada como fuente de energía. Cuando aparece resistencia a la insulina, esa capacidad disminuye y el organismo necesita producir cantidades cada vez mayores de insulina para conseguir el mismo efecto.

La adiponectina ayuda precisamente a evitar esa situación.

Gracias a su acción, los músculos aprovechan mejor la glucosa disponible y aumentan la utilización de los ácidos grasos como combustible, disminuyendo la acumulación de grasa en tejidos donde no debería almacenarse, como el hígado o el propio músculo.

Este efecto resulta especialmente importante porque la acumulación excesiva de grasa en determinados órganos altera su funcionamiento y contribuye al desarrollo de la resistencia a la insulina.

Cuando los niveles de adiponectina son adecuados, las células responden mejor a las señales hormonales, el control de la glucosa suele ser más eficaz y el metabolismo mantiene un equilibrio mucho más estable.

La adiponectina no trabaja sola. Comparte esta función con otras hormonas y con diferentes mecanismos reguladores que actúan de forma coordinada para mantener el equilibrio energético.

En realidad, el metabolismo funciona como una conversación permanente entre distintos órganos. El cerebro interpreta las señales relacionadas con el hambre y la saciedad, el páncreas regula la glucosa mediante la insulina y el glucagón, mientras que el tejido adiposo informa continuamente sobre su estado a través de hormonas como la leptina y la adiponectina.

Cuando esa comunicación funciona correctamente, el organismo utiliza la energía de forma eficiente. Cuando algunas de esas señales dejan de emitirse o dejan de interpretarse adecuadamente, empiezan a aparecer alteraciones que, con el paso del tiempo, pueden favorecer el desarrollo de distintas enfermedades metabólicas.

La adiponectina también ayuda a controlar la inflamación y protege el sistema cardiovascular

La inflamación no solo aparece como respuesta a una infección o a una lesión. También existe una inflamación silenciosa y persistente que acompaña a la obesidad, la resistencia a la insulina y al síndrome metabólico.

La adiponectina contribuye a limitar ese proceso, ayuda a reducir la producción de sustancias inflamatorias y a mantener un entorno interno más estable. Gracias a ello, protege el funcionamiento de los vasos sanguíneos y dificulta algunos de los cambios que, con el tiempo, favorecen el desarrollo de la aterosclerosis.

Esta acción protectora no significa que la adiponectina actúe como un tratamiento frente a las enfermedades cardiovasculares, pero sí explica que un nivel adecuado se asocia con un perfil metabólico más favorable.

Esquema

La adiponectina actúa como una señal protectora sobre distintos tejidos: ayuda a reducir la inflamación, el estrés oxidativo y el daño celular, al tiempo que favorece algunos mecanismos relacionados con la salud vascular y metabólica.

¿Qué ocurre cuando disminuyen los niveles de adiponectina?

La disminución de adiponectina no provoca una enfermedad concreta por sí sola, pero sí favorece la aparición de un entorno menos saludable. Es como si una de las piezas encargadas de mantener el equilibrio dejara de funcionar correctamente. El organismo continúa trabajando, pero lo hace con menor eficacia.

Los estudios han observado que las personas con niveles bajos de adiponectina presentan con mayor frecuencia resistencia a la insulina, obesidad visceral, síndrome metabólico, hígado graso no alcohólico, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Aunque estas patologías tienen múltiples causas, la reducción de esta hormona parece formar parte de ese complejo proceso.

Uno de los aspectos más interesantes es que esta disminución puede aparecer mucho antes de que se diagnostique una enfermedad.

Algunos investigadores consideran que la adiponectina podría convertirse en el futuro en un marcador útil para valorar el estado del metabolismo y detectar precozmente determinadas alteraciones. Hoy por hoy su determinación no forma parte de las pruebas habituales y continúa siendo, principalmente, una herramienta de investigación.

Lo verdaderamente importante no es conocer un valor aislado de adiponectina, sino qué circunstancias favorecen que esta hormona disminuya y qué hábitos ayudan a mantener un tejido adiposo sano.

No toda la grasa tiene el mismo comportamiento

Cuando hay exceso de grasa corporal solemos pensar únicamente en el peso, pero el lugar donde se acumula también tiene una gran importancia.

La grasa situada bajo la piel, conocida como grasa subcutánea, desempeña funciones necesarias, como el aislamiento térmico, la protección de determinados órganos y el almacenamiento de energía.

La situación cambia cuando aumenta la grasa visceral, aquella que rodea los órganos del abdomen.

Este tipo de tejido adiposo presenta una actividad metabólica mucho mayor. Produce más sustancias relacionadas con la inflamación y, al mismo tiempo, reduce la secreción de adiponectina.

Dos personas con un peso similar pueden presentar riesgos muy diferentes para su salud. No todo depende del número que aparece en la báscula. La distribución de la grasa corporal y la salud del tejido adiposo también desempeñan un papel fundamental.

En realidad, el objetivo no consiste únicamente en reducir la cantidad de grasa corporal, sino en conseguir que ese tejido recupere un funcionamiento lo más saludable posible.

¿Podemos favorecer la producción de adiponectina?

A diferencia de otras hormonas, la adiponectina responde de manera muy clara al estilo de vida.

Perder grasa visceral de forma gradual, mantener una alimentación saludable, aumentar la actividad física y reducir el sedentarismo favorece que los niveles de adiponectina tiendan a incrementarse, mejorando la sensibilidad a la insulina y disminuyendo la inflamación de bajo grado.

Tanto las actividades aeróbicas, como caminar a buen ritmo, montar en bicicleta o nadar, como el entrenamiento de fuerza, favorecen un mejor funcionamiento del metabolismo. Los músculos utilizan con mayor eficacia la glucosa y las grasas como fuente de energía, lo que contribuye indirectamente a mejorar el entorno metabólico en el que actúa la adiponectina.

Los patrones alimentarios basados en alimentos frescos, verduras, frutas, legumbres, pescado, aceite de oliva virgen extra y frutos secos se han asociado con un mejor perfil metabólico y con un funcionamiento más saludable del tejido adiposo.

El descanso adecuado y el control del estrés también forman parte de ese equilibrio.

Lo que realmente marca la diferencia es el conjunto de hábitos mantenidos de forma constante.

Reflexión final

La adiponectina representa esa nueva manera de entender el metabolismo. Nos recuerda que la grasa no es simplemente un almacén de energía, sino un órgano capaz de protegernos cuando funciona adecuadamente.

Cuidar nuestra alimentación, movernos con regularidad, descansar bien y controlar el estrés no solo ayuda a adelgazar. También permite recuperar parte de ese diálogo silencioso entre el tejido adiposo y el resto del organismo que hace posible un metabolismo sano.

Fuentes consultadas

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Por Mariano Rodríguez Pastor

Mariano Rodríguez Dietética Acupuntura es un espacio dedicado a la divulgación sobre salud, dietética, nutrición, acupuntura y auriculopuntura, con un enfoque integrador basado en la experiencia profesional y la evidencia científica disponible.