Representación anatómica tridimensional de la glándula tiroides en el cuello, destacada en rojo sobre estructuras anatómicas semitransparentes en azul.
Descubre cómo las hormonas tiroideas T4 y T3 regulan el metabolismo, el gasto energético y otras funciones esenciales del organismo.

La palabra metabolismo suele asociarse al peso. Decimos que alguien tiene un metabolismo rápido o lento, que quema más o menos o que parece gastar con facilidad aquello que come.

Cada célula necesita energía para mantenerse activa, reparar sus estructuras y realizar las tareas que le corresponden. El corazón debe seguir latiendo, el cerebro continuar funcionando, los músculos responder cuando los necesitamos y la temperatura conservarse dentro de unos límites adecuados. Incluso mientras dormimos continúa existiendo un gasto energético imprescindible para mantenernos vivos.

Por eso, cuando disminuye o aumenta la acción de las hormonas tiroideas, los efectos se manifiestan en lugares aparentemente tan distintos como el corazón, el intestino, la piel, los músculos o el cerebro.

Una pequeña glándula con una enorme influencia

La tiroides se encuentra en la parte anterior del cuello, por delante de la tráquea. Está formada principalmente por dos lóbulos unidos por una zona central denominada istmo, una disposición que recuerda a la forma de una mariposa.

Esta glándula forma parte del sistema endocrino y produce principalmente dos hormonas: la tiroxina, conocida como T4, y la triyodotironina, o T3.

Además, produce calcitonina, relacionada con la regulación del calcio, aunque pertenece a otra historia fisiológica. Cuando hablamos de metabolismo y energía, las grandes protagonistas son T4 y T3.

Para entenderlo debemos regresar a dos estructuras que ya conocemos: el hipotálamo y la hipófisis.

Del cerebro a la tiroides: una conversación de ida y vuelta

Todo comienza mucho antes de llegar al cuello.

El hipotálamo produce una señal denominada hormona liberadora de tirotropina o TRH. Esta actúa sobre la hipófisis, que responde secretando otra hormona: la TSH, hormona estimulante de la tiroides.

La TSH viaja por la sangre y llega hasta la glándula tiroides, donde estimula la producción y liberación de hormonas tiroideas.

La secuencia es sencilla:

Hipotálamo → TRH → hipófisis → TSH → tiroides → T4 y T3

Sin embargo, la comunicación no funciona únicamente en esa dirección.

Cuando la respuesta alcanzada es suficiente, disminuye la orden que la estaba provocando; cuando resulta insuficiente, el estímulo aumenta.

Es lo que conocemos como retroalimentación negativa.

Gracias a este intercambio, hipotálamo, hipófisis y tiroides forman un eje regulador capaz de ajustarse continuamente.

 

Diagrama
 

Pero todavía falta una pieza. La cantidad de hormona que abandona la tiroides no determina por sí sola la intensidad de su acción en cada tejido.

De T4 a T3: cuando los tejidos ajustan la señal tiroidea

La tiroides libera principalmente T4. Aunque esta hormona tiene actividad biológica, también funciona como una reserva circulante a partir de la cual se genera T3.

La T3 ejerce una acción más potente sobre los receptores y gran parte de ella se obtiene fuera de la propia glándula.

En este paso intervienen unas enzimas denominadas desyodinasas.

Gracias a ellas, se modifica localmente la disponibilidad de hormona tiroidea activa.

Además, no toda la T4 tiene que convertirse necesariamente en T3 activa. Existen también vías de inactivación que forman parte de esta regulación.

Esto introduce una idea especialmente interesante: los tejidos no son simples espectadores esperando una orden procedente de la tiroides.

La glándula inicia una parte fundamental del mensaje, pero su intensidad sigue modulándose.

Yodo: una pequeña pieza imprescindible

Para fabricar sus hormonas, la tiroides necesita yodo.

Este mineral forma parte de la propia estructura de T4 y T3 y debe obtenerse a través de la alimentación. La glándula dispone de mecanismos especializados para captar el yodo disponible y emplearlo en la síntesis hormonal.

Esta relación explica por qué un aporte adecuado de yodo es necesario para mantener una función tiroidea normal.

Reconocer la importancia de un nutriente no significa que consumir más produzca necesariamente un mejor funcionamiento.

La salud tiroidea no depende de una lista de alimentos que aceleran o frenan la glándula. La alimentación aporta los nutrientes necesarios para el desarrollo de estos procesos fisiológicos, pero las enfermedades tiroideas requieren valoración clínica y, cuando corresponde, tratamiento específico.

La relación entre alimentación, hipotiroidismo y control del peso merece por ello un análisis propio.

Metabolismo no significa solamente peso

Cuando decimos que regulan el metabolismo, podemos imaginar únicamente cambios en el gasto de calorías. La realidad es bastante más amplia.

Las células utilizan continuamente energía para desarrollar sus funciones. Parte de ella se conserva en forma de trabajo biológico y parte termina liberándose como calor.

Las hormonas tiroideas influyen en numerosos mecanismos relacionados con ese consumo energético y participan en la producción de calor, de ahí su relación con la temperatura corporal.

El corazón también responde a estas hormonas. Cuando la señal tiroidea aumenta, se incrementa la frecuencia cardíaca y el corazón trabaja con mayor intensidad. Cuando disminuye, el ritmo se hace más lento.

El aparato digestivo tampoco permanece ajeno. Las hormonas tiroideas modifican la motilidad intestinal, favoreciendo un tránsito más lento o más rápido.

También se ven afectados los músculos, la piel, el cabello y la capacidad para tolerar el frío y el calor.

Su influencia alcanza además a la reproducción y la fertilidad, especialmente durante el embarazo, la etapa fetal y el crecimiento. En el sistema nervioso, su papel comienza en las primeras etapas de la vida y continúa durante la edad adulta.

Cambios en su función pueden acompañarse de dificultades de concentración, alteraciones del estado de ánimo, nerviosismo, lentitud mental o cansancio.

Cuando el ritmo disminuye

En el hipotiroidismo, la disponibilidad de hormona tiroidea resulta insuficiente. Si recordamos todo lo que hemos visto hasta ahora, resulta más fácil entender lo que sucede.

El gasto energético disminuye y aumenta la sensibilidad al frío. El tránsito intestinal se hace más lento. Son frecuentes el cansancio, la somnolencia y las dificultades para concentrarse. La piel se vuelve más seca, aparecen cambios en el cabello y el peso tiende a aumentar.

Sin embargo, reducir el hipotiroidismo a «una enfermedad que engorda» ofrece una visión demasiado simplificada.

El peso corporal depende de numerosos factores y una alteración tiroidea es solo uno de ellos. Además, no todas las personas con cansancio, dificultad para adelgazar o aumento de peso tienen hipotiroidismo.

En el extremo contrario encontramos una situación diferente.

Cuando el ritmo se acelera

En el hipertiroidismo, muchas de sus manifestaciones se entienden como la otra cara de la misma fisiología.

El gasto energético aumenta y aparece intolerancia al calor. El corazón late con mayor rapidez y son frecuentes el temblor, el nerviosismo, la irritabilidad, la dificultad para dormir y un tránsito intestinal más rápido. El peso disminuye, incluso cuando el apetito se mantiene o aumenta.

Una vez más, el peso constituye solamente una parte de la historia.

Esta manera de comprender el hipotiroidismo y el hipertiroidismo resulta mucho más útil que memorizar dos listas opuestas de síntomas. Primero entendemos la fisiología; después, por qué aparecen determinadas manifestaciones.

Muchas de ellas, sin embargo, son inespecíficas y suelen presentarse también en otras situaciones.

Los síntomas orientan, las pruebas ayudan a comprender

Cuando existe sospecha de una alteración tiroidea, la valoración médica combina los síntomas, la historia clínica, la exploración y las pruebas necesarias.

Entre los análisis utilizados se encuentran la TSH y la T4 libre.

Dependiendo de la situación clínica, se estudian también la T3 y otros parámetros, incluidos determinados anticuerpos. En algunos casos se requieren pruebas de imagen, como una ecografía, y ante determinados nódulos están indicados estudios adicionales.

Esta valoración permite diferenciar dos cuestiones que a veces se confunden: una cosa es conocer cómo está funcionando hormonalmente la glándula y otra estudiar si existen cambios en su estructura.

La interpretación corresponde al profesional sanitario y depende siempre del contexto de cada persona.

Reflexión final

Una pequeña glándula situada en el cuello influye en la utilización de energía, la producción de calor, el ritmo cardíaco, el tránsito intestinal o nuestra sensación de vitalidad. Pero ni siquiera ella actúa de manera independiente.

El hipotálamo inicia una señal. La hipófisis la transmite. La tiroides responde. Las hormonas circulan. Los tejidos las transforman y regulan su disponibilidad. Y la información regresa para ajustar nuevamente la respuesta.

Comprender este diálogo nos aleja de explicaciones demasiado simples y nos acerca a una idea que se repite una y otra vez cuando estudiamos la fisiología humana: la regulación metabólica depende de una coordinación constante que nos permita adaptarnos a nuestras necesidades.

Fuentes consultadas

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Por Mariano Rodríguez Pastor

Mariano Rodríguez Dietética Acupuntura es un espacio dedicado a la divulgación sobre salud, dietética, nutrición, acupuntura y auriculopuntura, con un enfoque integrador basado en la experiencia profesional y la evidencia científica disponible.