Persona durmiendo en un dormitorio con luz tenue, rodeada de una neblina simbólica que representa actividad mental persistente, estrés emocional y sueño no reparador.
¿Por qué algunas personas sueñan mucho y recuerdan sus sueños mientras otras no recuerdan nada? Comprender los sueños múltiples y la memoria onírica implica adentrarse en la arquitectura del sueño, en el papel del hipocampo y en cómo la acupuntura puede ayudar a mejorar el descanso profundo.

Dormimos aproximadamente un tercio de nuestra vida y, sin embargo, recordamos muy poco de lo que sucede durante ese tiempo. Aun así, en consulta es frecuente escuchar frases como: «Tengo muchos sueños», «sueño toda la noche» o «me levanto cansado porque no paro de soñar».

La experiencia subjetiva es clara, pero la explicación no siempre lo es.

Desde José, el intérprete de los sueños del faraón de Egipto, hasta la neurociencia actual, el mundo onírico ha despertado la curiosidad del ser humano desde los orígenes del pensamiento abstracto. Los sueños han sido considerados mensajes divinos, premoniciones, símbolos del inconsciente o simples fantasías sin sentido. Hoy sabemos que, sin perder del todo su misterio, soñar es una función cerebral organizada, estrechamente ligada a la forma en que dormimos y a cómo nuestro cerebro gestiona la memoria y las emociones.

La arquitectura del sueño: ciclos que se repiten

El sueño no es un bloque uniforme. Se organiza en ciclos de entre 90 y 100 minutos, que se repiten varias veces a lo largo de la noche. Cada ciclo incluye fases de sueño no REM (ligero y profundo) y una fase REM, caracterizada por movimientos oculares rápidos y una intensa actividad cerebral.

La fase REM es especialmente interesante por dos motivos. En primer lugar, es el escenario principal de los sueños más intensos y emotivos. En segundo lugar, su duración aumenta conforme avanza la noche, de modo que los últimos ciclos contienen más REM y menos sueño profundo.

Esto explica algo sencillo pero clínicamente relevante: cuando una persona se despierta de forma brusca o frecuente, sobre todo en la segunda mitad de la noche, es más probable que lo haga desde fase REM. El resultado es una mayor sensación de “haber soñado mucho” y un recuerdo más vívido de esos sueños.

Ahora bien, soñar mucho no siempre equivale a descansar bien.

Mujer

Durante años se describieron cuatro fases de sueño no REM, siendo la fase 4 la más profunda y reparadora. En la clasificación actual, la American Academy of Sleep Medicine unificó las antiguas fases 3 y 4 en una sola fase denominada N3, que hoy engloba todo el sueño profundo. Esta actualización ayuda a comprender por qué el predominio del sueño REM puede asociarse a un descanso menos reparador.

Cuando la fase REM gana terreno al sueño profundo

El sueño profundo (fase N3, antiguamente llamada fase 4) es el más reparador a nivel físico y neurovegetativo. En él descienden la frecuencia cardíaca, la tensión muscular y la actividad cortical. Es el momento en que el organismo realmente se recupera.

Cuando, por distintos motivos —estrés, hiperactivación mental, ansiedad, horarios irregulares—, esta fase se acorta y la fase REM ocupa más espacio del ciclo, el descanso puede volverse menos eficaz. El paciente duerme, pero no termina de desconectar.

En estos casos aparecen con frecuencia:

  • Sueños múltiples o encadenados
  • Mayor recuerdo onírico
  • Sensación de cabeza activa al despertar
  • Cansancio no proporcional a las horas dormidas
No es que el cerebro esté soñando más, sino que está despertando más cerca del sueño.

El hipocampo: el filtro de lo que merece ser recordado

Aquí entra en juego una estructura clave: el hipocampo. Situado en el lóbulo temporal, está estrechamente vinculado a la memoria y a la gestión emocional. Su función no es almacenar todo lo que ocurre, sino decidir qué merece pasar a la memoria a largo plazo.

A comienzos de la década pasada, diversos estudios en neurociencia del sueño mostraron que el recuerdo de los sueños no es aleatorio. Investigaciones publicadas en The Journal of Neuroscience y Neuropsychopharmacology observaron que determinadas personas mantienen una actividad cerebral distinta durante el sueño, lo que favorece que el contenido onírico no se desvanezca tras el despertar.

Durante el sueño, el hipocampo no actúa como un simple almacén de imágenes oníricas, sino como un sistema de selección. Mientras el cerebro descansa, esta estructura participa activamente en la consolidación de recuerdos relevantes y en la eliminación de información accesoria. Por ello, la mayoría de los sueños se olvidan salvo aquellos con una fuerte carga emocional.

Un pequeño grupo de personas mantiene el hipocampo activo durante más tiempo al dormirse. Estas personas tienden a recordar más sueños. En el resto —la gran mayoría—, la desconexión es más rápida y sincronizada con el resto del cerebro, lo que provoca que los sueños se borren casi por completo al despertar.

Y esto no es un fallo del sistema, sino su funcionamiento normal.

Clave visual: el siguiente esquema ayuda a comprender cómo el hipocampo actúa como intermediario entre experiencias recientemente codificadas y redes de memoria ya existentes durante el sueño, seleccionando qué información se consolida y cuál se descarta.

Esquema

Soñar no es la prioridad del cerebro

Mientras dormimos, el cerebro está ocupado en una tarea mucho más importante que conservar sueños: clasificar y depurar la información del día. Emociones, experiencias, imágenes y aprendizajes pasan por un proceso de selección. Solo aquello que se considera relevante se archiva.

Por eso, la mayoría de los sueños se olvidan. Solo aquellos con una carga emocional intensa —miedo, deseo, angustia, sorpresa— logran atravesar el filtro y permanecer en la memoria al despertar.

Desde este punto de vista, recordar un sueño no significa que sea “importante en sí”, sino que ha conectado con algo significativo para la persona.

La unión temporoparietal y la hiperactividad cerebral

Estudios posteriores han mostrado que las personas que recuerdan con mayor frecuencia sus sueños presentan diferencias en la actividad cerebral en reposo, especialmente en la unión temporoparietal, una región implicada en la integración sensorial y en los procesos de conciencia.

Este hallazgo resulta muy interesante desde la práctica clínica. Una mayor actividad en esta zona puede interpretarse como un cerebro más vigilante, menos dispuesto a desconectar completamente durante el sueño. No siempre es una ventaja. A veces es simplemente el reflejo de un sistema nervioso en alerta.

Este patrón de hiperactivación cerebral también se ha descrito en personas con insomnio crónico, donde el sistema nervioso permanece activado incluso durante la noche. En estos casos, el sueño pierde continuidad y profundidad, y el recuerdo frecuente de sueños puede ser un síntoma más de esa dificultad para “apagar” el cerebro.

Acupuntura y auriculopuntura: ayudar a soltar el control

Desde la experiencia clínica, la acupuntura puede ser una herramienta útil para regular la arquitectura del sueño, favoreciendo un mayor equilibrio entre las distintas fases.

La auriculopuntura, en particular en la región temporoparietal, resulta especialmente interesante. Aunque el pabellón auricular ha involucionado desde el punto de vista evolutivo, conserva una inervación extraordinariamente rica, con conexiones directas con el sistema nervioso central.

El objetivo no es suprimir los sueños ni interpretarlos, sino facilitar un descanso más profundo y continuo, reduciendo la hiperactivación cerebral que impide al organismo entrar en fases verdaderamente reparadoras.

En muchos pacientes, cuando el sueño profundo se normaliza, ocurre algo llamativo: los sueños disminuyen o, simplemente, dejan de recordarse. Y eso, paradójicamente, suele ir acompañado de una mayor sensación de descanso.

Dormir bien también es poder olvidar

En definitiva, la razón principal por la que no recordamos los sueños es sencilla: el cerebro no los considera prioritarios. Está ocupado en mantener el equilibrio, consolidar la memoria y regular las emociones.

Los sueños que recordamos no son los más largos ni los más elaborados, sino aquellos que, por algún motivo, tocan una fibra emocional personal. El resto cumple su función silenciosa y desaparece.

Dormir bien no es soñar mucho.
Dormir bien es permitir que el cerebro descanse… incluso de sí mismo.

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Referencias científicas

Por Mariano Rodríguez Pastor

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