Tabla con las sales de Schüssler nº 1 a 4 y sus principales indicaciones: elasticidad, crecimiento, fiebre y mucosas

Una introducción necesaria

Las sales de Schüssler no actúan como un medicamento clásico, sino como una herramienta que estimula la autorregulación del organismo a través del equilibrio mineral celular. En este segundo artículo, nos centramos en las cuatro primeras sales: desde la elasticidad de los tejidos hasta las inflamaciones leves o los trastornos de crecimiento. Cada una tiene su propio campo de acción… y su carácter.

Cuatro frascos antiguos numerados del 1 al 4 sobre una mesa de madera, representando las sales de Schüssler

Frascos de boticario numerados del 1 al 4, símbolo visual de las primeras sales de Schüssler y sus aplicaciones terapéuticas.

Nº 1 — Calcárea fluórica (fluoruro de calcio)

Elasticidad, tejidos de sostén, vasos y piel

Esta sal es el arquitecto silencioso del cuerpo. Refuerza la elasticidad de tejidos duros y blandos: huesos, ligamentos, esmalte dental, piel, vasos sanguíneos. Se utiliza en casos de várices, hemorroides, pérdida del tono vascular o arrugas prematuras.

También está indicada en endurecimientos como espolones, fibromas o tumores benignos. En piel, mejora cicatrización lenta, estrías, uñas quebradizas y hongos.

Indicaciones frecuentes:
osteoporosis, várices, hemorroides, piel frágil, arrugas, fibromas, problemas dentales.

Modalidades clínicas:
Mejora con el calor, empeora con el frío y la humedad.

Nº 2 — Calcárea phosphórica (fosfato de calcio)

Crecimiento, huesos, estructura y vitalidad

La sal del crecimiento por excelencia. Interviene en la formación de huesos, dientes y cartílagos. Se recomienda en niños con dentición tardía, cierre lento de fontanelas o debilidad ósea. También en adultos con fracturas, debilidad de columna o anemia.

Además de su papel plástico, se considera un tónico general cuando hay agotamiento físico y dificultad para concentrarse.

Indicaciones frecuentes:
retraso de crecimiento, fracturas, raquitismo, anemia, espasmos, debilidad en columna.

Modalidades clínicas:
Empeora por la noche y con el reposo excesivo.

Nº 3 — Ferrum phosphoricum (fosfato de hierro)

Fases iniciales de inflamación, fiebre, oxigenación celular

Es el “fuego lento” de las defensas. Actúa en las primeras fases inflamatorias, antes de que haya pus o supuración. Ayuda a modular la fiebre, los estados infecciosos leves y la oxigenación celular.

Se emplea en gripes incipientes, pequeñas hemorragias, quemaduras leves y debilidad inmunitaria. Tiene un papel destacado en el metabolismo del hierro, por lo que también se asocia a fatiga con palidez, frío en extremidades y problemas circulatorios.

Indicaciones frecuentes:
fiebres leves, gripes, infecciones iniciales, anemia leve, debilidad inmune, quemaduras.

Modalidades clínicas:
Empeora con el calor, el movimiento y por la noche. Mejora con reposo y aire fresco.

Nº 4 — Kali muriáticum (cloruro de potasio)

Mucosas, secreciones espesas, inflamaciones de garganta y oído

La sal de las mucosas. Cuando hay secreciones blancas o grises espesas, esta es la primera opción. Kali muriáticum regula el metabolismo proteico y actúa sobre las inflamaciones crónicas de oído, nariz y garganta.

Se emplea también en afecciones digestivas con moco, en algunas formas de bronquitis o en procesos de cicatrización lenta. Tiene un efecto beneficioso en tendinitis y articulaciones inflamadas, así como en algunos cuadros dérmicos como eczemas o erupciones escamosas.

Indicaciones frecuentes:
otitis, sinusitis, aftas, digestiones pesadas, erupciones cutáneas, tendinitis.

Modalidades clínicas:
Empeora con comidas grasas, calor y movimiento. Mejora con bebidas frías.

Un tratamiento, cuatro caminos

Estas cuatro sales no se toman como quien se toma una pastilla para el dolor. Se eligen tras observar los signos predominantes: tipo de persona, evolución de los síntomas, textura de las secreciones, respuesta al frío o al calor.

Este enfoque individualizado es lo que distingue a las terapias naturales de los tratamientos convencionales: aquí no se trata tanto de suprimir el síntoma como de entender por qué aparece… y ayudar al cuerpo a corregirlo.

✍️ ¿Quién no recuerda la “crisis periférica” (2010–2016)? No fue la primera que llevaba a cuestas, pero sí una de las más duras: marcó prácticamente la desaparición de la clase media. Pasé de no tener tiempo a tener todo el del mundo. Sabía, como en otras ocasiones, que era cuestión de tiempo. Mi experiencia profesional me daba esa serenidad.
Aproveché ese periodo para transcribir artículos que había escrito años atrás con mi vieja Olivetti, los fotocopiaba en la copistería del barrio y los dejaba en la sala de espera, para quien quisiera leerlos o llevárselos.
A finales de 2012 empecé a publicarlos en mi blog. Hoy los recupero con respeto, como testimonio de una época y de un camino recorrido, revisados y actualizados 2025 en la categoría “Mis primeros artículos”.

 
 

Por Mariano Rodríguez Pastor

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