Grupo de adolescentes sonrientes tomando una selfie en un entorno acogedor, reflejando bienestar emocional y relaciones saludables
Cuando hablamos de depresión, ansiedad, esquizofrenia o adicciones, solemos pensar en problemas que aparecen en la adolescencia o en la edad adulta. Sin embargo, la investigación más reciente en genética psiquiátrica nos está mostrando algo muy distinto: muchas de las bases biológicas de la salud mental se empiezan a construir mucho antes de que nazcamos.

Un gran estudio internacional ha analizado de forma conjunta los genes implicados en catorce trastornos psiquiátricos distintos. Sus resultados no solo amplían nuestro conocimiento, sino que también nos obligan a cambiar la forma en que entendemos la salud mental.

Trastornos diferentes, mecanismos compartidos

Durante años hemos tratado los trastornos mentales como si fueran enfermedades completamente separadas. Sin embargo, este análisis genético muestra que muchos de ellos comparten una parte importante de su base biológica.

Depresión, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, autismo, TDAH, esquizofrenia o adicciones no surgen de compartimentos aislados, sino que pueden entenderse como distintas expresiones de vulnerabilidades comunes. Esto ayuda a comprender por qué una misma persona puede cambiar de diagnóstico a lo largo de su vida, o por qué en una familia aparecen problemas emocionales distintos, pero con rasgos similares.

Un hallazgo clave: los genes actúan muy pronto

Uno de los datos más llamativos del estudio es que muchos de los genes relacionados con el riesgo psiquiátrico se expresan con mayor intensidad durante el desarrollo fetal. Es decir, cuando el cerebro todavía se está formando.

Esto no significa que el destino esté escrito antes de nacer, pero sí nos recuerda algo fundamental: el cerebro en desarrollo es extremadamente sensible al entorno. Durante el embarazo y los primeros años de vida, pequeños cambios pueden tener efectos duraderos en la forma en que el sistema nervioso aprende a responder al estrés, a las emociones y a las relaciones.

Cerebro humano y ADN representando la influencia genética y el desarrollo temprano en la salud mental
La interacción entre genética y desarrollo temprano del cerebro es clave para comprender la salud mental a lo largo de la vida.

Epigenética: cuando el entorno “habla” con los genes

Aquí entra en juego la epigenética, un campo que ha cambiado por completo nuestra manera de entender la genética. Los genes no funcionan como un programa fijo e inamovible. Su actividad puede aumentar o disminuir en función del entorno.

Factores como el estrés materno, la alimentación, la inflamación o incluso la calidad del vínculo temprano (entorno afectivo, seguro y estabilizante para el recién nacido), pueden influir en cómo se expresan genes relacionados con la regulación emocional y la respuesta al estrés. No se modifica el ADN, pero sí la manera en que el cerebro se organiza y se adapta.

Por eso, hoy sabemos que la genética marca una predisposición, no una condena.

Nutrición temprana: un cerebro que necesita buenos materiales

El cerebro en desarrollo necesita nutrientes muy específicos para crecer de forma equilibrada. Aminoácidos, ácidos grasos esenciales, minerales y vitaminas participan en la formación de neuronas, neurotransmisores y conexiones cerebrales.

Una nutrición inadecuada en etapas tempranas no provoca por sí sola un trastorno mental, pero puede aumentar la vulnerabilidad del sistema nervioso, especialmente en personas con una predisposición genética. En estos casos, el cuerpo dispone de menos recursos para adaptarse a situaciones de estrés o cambio.

Regulación emocional: se aprende, pero también se construye

La forma en que gestionamos las emociones no depende solo de la voluntad o la educación. Tiene una base biológica que se va organizando desde los primeros años de vida.

Un entorno seguro, predecible y emocionalmente disponible ayuda a que el sistema nervioso aprenda a autorregularse. Por el contrario, la exposición temprana a estrés intenso o prolongado puede dejar una huella que, años más tarde, se manifiesta en forma de ansiedad, depresión, conductas compulsivas o adicciones.

Genes importantes no significan destinos inevitables

Algunos estudios han identificado genes con un impacto relevante, como el gen GRIN2A, implicado en la comunicación entre neuronas. Este tipo de hallazgos es valioso porque permite comprender mejor ciertos mecanismos biológicos y abrir la puerta a tratamientos más personalizados.

Aun así, incluso en estos casos, no existe un “gen de la esquizofrenia” ni de ningún otro trastorno mental. La evidencia actual apunta a una combinación de genética, desarrollo temprano y experiencias de vida.

Adicciones y dificultades escolares: una relación compleja

La genética también ha mostrado que algunas variantes influyen tanto en la vulnerabilidad a las adicciones como en el rendimiento educativo. No se trata de que la genética determine el fracaso escolar, sino de que ciertos rasgos, como la impulsividad o la dificultad para regular el estrés, pueden afectar a ambos aspectos.

Comprender esta relación permite dejar de culpabilizar y apostar por estrategias preventivas y educativas más ajustadas a cada persona.

Grupo de personas sentadas en círculo con alcohol y sustancias, representando conductas adictivas y desregulación emocional
Las conductas adictivas suelen reflejar una combinación compleja de vulnerabilidad biológica, entorno y dificultades en la regulación emocional.

Una mirada más humana sobre la salud mental

La genética psiquiátrica no nos dice que todo esté escrito, sino que el cerebro es especialmente sensible al entorno, sobre todo al inicio de la vida. Esto refuerza la importancia del cuidado temprano: acompañamiento emocional, nutrición adecuada, reducción del estrés y contextos protectores.

Desde esta perspectiva, la salud mental no empieza en la consulta, sino mucho antes, en la forma en que cuidamos el desarrollo.

Conclusión

Tal vez el mensaje más valioso que nos deja la investigación actual es este: entender la genética no nos encierra en el determinismo, sino que nos ofrece más oportunidades para prevenir, acompañar y cuidar. La salud mental no es solo una cuestión de genes, sino de cómo esos genes dialogan con la vida.

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Referencias

Por Mariano Rodríguez Pastor

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