Mujer joven de complexión normal se observa en un espejo donde su reflejo aparece con sobrepeso, simbolizando la distorsión de la imagen corporal.
Cada vez más personas, especialmente jóvenes, se enfrentan a un enemigo invisible: una percepción distorsionada de su cuerpo que las lleva a conductas dañinas con la comida. Comprender el ciclo de atracón, culpa y purgas es el primer paso para romperlo y acompañar con sensibilidad a quienes lo sufren.

Más allá del peso: qué son los trastornos alimentarios

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son alteraciones psicológicas persistentes que afectan la relación con la comida, el cuerpo y la salud emocional. No se reducen a comer mucho o poco, sino que implican una profunda lucha interna con la autoestima, la identidad y la imagen corporal.

Entre los más frecuentes están la bulimia nerviosa (BN), caracterizada por episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias como el vómito autoprovocado, y el trastorno por atracón (TA), en el que hay ingestas compulsivas sin purgas posteriores. Ambos pueden presentarse en personas con peso normal, e incluso en aquellas dentro de un rango saludable del índice de masa corporal (IMC).

El espejo que distorsiona

Una de las características más dolorosas de estos trastornos es la distorsión de la imagen corporal: la persona no se ve como es. Aunque el peso esté en un rango normal, el reflejo en el espejo le devuelve una imagen “gorda”, “fuera de control” o “inaceptable”. Este fenómeno no es un capricho ni una cuestión de vanidad, sino un sesgo profundo en la percepción que se refuerza con la comparación social, los estándares irreales de belleza y, cada vez más, con la exposición constante a redes sociales.

Esta distorsión no desaparece con explicaciones lógicas ni con números en una báscula, porque está sostenida por emociones como la vergüenza, el miedo al rechazo y la necesidad de control. Por eso, abordarla requiere mucho más que hablar de dietas: implica trabajar con la mente, con la historia personal y con el entorno.

Joven de unos 20 años, con peso normal, se sienta angustiada frente al desayuno mientras su madre la consuela con una mano en el hombro.
El acompañamiento emocional de la familia es clave para romper el ciclo de culpa y aislamiento que acompaña a muchos trastornos alimentarios.

El ciclo de atracón, culpa y purgas

En la bulimia nerviosa y en algunos cuadros del trastorno por atracón, la relación con la comida sigue un patrón que se repite casi de forma automática:

  • Atracón: episodios en los que la persona ingiere grandes cantidades de comida en poco tiempo, generalmente a escondidas y con sensación de pérdida de control.
  • Culpa y vergüenza: tras el atracón, llega un profundo malestar emocional. El pensamiento se llena de autocrítica, desesperanza y miedo a engordar.
  • Conducta compensatoria: para aliviar esa culpa aparece el vómito autoprovocado, el uso de laxantes o el ejercicio extremo. Estas acciones producen un alivio momentáneo, pero también refuerzan el ciclo, aumentando la probabilidad de que vuelva a repetirse.
Este círculo vicioso es difícil de romper porque cada fase refuerza a la siguiente: el alivio tras la purga actúa como un “premio” que mantiene el patrón, incluso sabiendo que es dañino.

Consecuencias físicas y psicológicas

Provocarse el vómito no es una conducta inocua. A nivel físico puede provocar desequilibrios electrolíticos graves (como la hipopotasemia o el exceso de bicarbonato), problemas cardíacos, inflamación de las glándulas salivales, lesiones en el esófago y erosión del esmalte dental.

A largo plazo, el organismo se acostumbra a este ciclo, y la persona puede quedar atrapada en un estado de vulnerabilidad constante, con riesgo de ansiedad, depresión, aislamiento social y pérdida de autoestima.

Cómo se trata: abordaje multidisciplinar

La evidencia científica muestra que el tratamiento más eficaz combina varias estrategias:

  • Psicoterapia especializada: la terapia cognitivo-conductual centrada en trastornos alimentarios (CBT-E, por sus siglas en inglés) ayuda a identificar pensamientos distorsionados, romper el ciclo de atracones y desarrollar una relación más saludable con la comida y el cuerpo. En adolescentes, la terapia familiar estructurada puede ser especialmente útil.
  • Tratamiento farmacológico: en algunos casos se utilizan fármacos específicos bajo supervisión médica para reducir los atracones o mejorar el estado de ánimo. Este trabajo corresponde siempre al especialista.
  • Apoyo nutricional: la intervención dietética no se centra en prohibir alimentos, sino en recuperar una rutina de comidas regulares, reconectar con las señales de hambre y saciedad, y desmitificar el peso como única medida de salud.
  • Seguimiento médico: controlar parámetros como los electrolitos, la función renal o la salud dental es fundamental para prevenir complicaciones.
Abordar un TCA no es cuestión de fuerza de voluntad, sino de un tratamiento integral y bien coordinado. Por eso, la combinación de trastornos alimentarios atracon culpa purgas nutricion psicoterapia y acupuntura representa un enfoque eficaz y complementario que aborda el problema desde distintos ángulos y mejora las posibilidades de recuperación duradera.

Nutrición, mente y acupuntura

Desde un enfoque integrador, podemos acompañar el proceso terapéutico con varias herramientas complementarias:

  • Educación nutricional y reintroducción progresiva de alimentos: enseñar a la persona que no hay “alimentos prohibidos” y que comer con placer no es sinónimo de perder el control.
  • Apoyo psicológico coordinado: trabajar las emociones asociadas a la comida, la imagen corporal y la culpa.
  • Acupuntura como coadyuvante: aunque no es un tratamiento principal para los TCA, puede ser útil como complemento para reducir la ansiedad, mejorar el estado emocional y facilitar la adherencia al proceso terapéutico.

El papel del entorno familiar y social

Nadie se recupera en soledad. La actitud del entorno puede marcar la diferencia entre perpetuar el problema o facilitar la sanación. Algunas recomendaciones fundamentales:

  • Evitar comentarios sobre el cuerpo o el peso, incluso bienintencionados.
  • Fomentar comidas compartidas sin presión ni juicios.
  • Promover actividades que refuercen la autoestima más allá del aspecto físico.
  • Escuchar sin minimizar el sufrimiento, validando lo que la persona siente.
  • Acompañar en la búsqueda de ayuda profesional, sin imponerla pero sin normalizar conductas dañinas.

Cuándo pedir ayuda urgente

Si hay vómitos frecuentes, pérdida de peso rápida, desmayos, alteraciones del ritmo cardíaco o pensamientos autolesivos, es fundamental acudir de inmediato a un centro sanitario. El tratamiento precoz no solo mejora el pronóstico, sino que puede salvar vidas.

Referencias

  1. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-5-TR (2022/2024). APA — Sobre DSM-5-TR · APA — DSM (portal)
  2. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Eating disorders: recognition and treatment (NG69). Guía NG69 · Recomendaciones
  3. Fairburn CG. Cognitive Behavior Therapy and Eating Disorders. Guilford Press. Ficha editorial
  4. Treasure J, Duarte TA, Schmidt U. Eating disorders. Lancet. 2020;395(10227):899–911. PubMed · Elsevier
  5. Hilbert A. Binge-eating disorder. N Engl J Med. 2021;385:1343–1351. PubMed
  6. Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEETCA). Guías y recursos. AEETCA · GuíaSalud–AEETCA

Por Mariano Rodríguez Pastor

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